Cine: The bucket list (Ahora o nunca)

ahoraonuncaAhora o nunca ha sido el título que se ha dado a la película en España, pero la traducción literal de The bucket list (este es el título original) es la “lista de los deseos”. Cada título acentúa más alguna realidad concreta de la película.

Si tomamos el título con el que se ha distribuido en España, el film nos evoca el carácter efímero con el que nos presenta el director a los personajes. Éstos, aunque caen en ciertos tópicos (más o menos), dan bastante buen resultado. Jack Nicholson es un empresario, dueño de una gran cadena de hoteles, que vive para su trabajo, que tiene una mala relación con su hija y que no ha conseguido mantener un solo matrimonio de los cuatro que ha tenido. Morgan Freeman es el clásico trabajador honrado y bondadoso, enamorado de su mujer, y preocupado por sus hijos. Siendo personas con una vida y un pasado tan distintos acabarán teniendo ambos un final de lo más análogo, unidos el uno al otro. A ambos les han diagnosticado un cáncer maligno que acabará pronto con sus vidas.

En cambio, tomando el título que se le ha dado en Estados Unidos se acentúa más el argumento sobre el que va la película, ya que cuando Edward Cole (Jack Nicholson) es consciente de lo poco que le queda por vivir decide realizar un “lista de los deseos”, idea que pondrá en común con su compañero de enfermedad, Carter Chambers (Morgan Freeman). Puede entenderse, lamentablemente, que las cosas que se apuntan en la famosa lista cuestionan qué es lo más importante en la vida. De ahí el carácter insulso y simplón de la película, mirado desde un puesto de vista, o vitalista y apetecible para cualquiera. Muchos de esos deseos son fantasiosos al máximo.ahora-o-nunca-2

Como se ve el argumento es débil. Da la impresión de que estos dos titanes de la actuación se lo han pasado en grande haciendo la película. Sin embargo, puede que el espectador no la disfrute tanto si no conecta con los puntos fuertes de la película: entretenimiento y un buen sentido del humor con un Nicholson en su salsa, haciendo de cínico insoportable, al más puro estilo de “mejor imposible” (no llega hasta ahí), pero esta vez con una evolución hacia la comprensión y lo que podríamos calificar como “una mejoría en el carácter”. Al final, este cínico acaba convertido en un viejo un poco más cariñoso y que ha aprendido a querer.

Cierto es que la película resalta valores como la amistad, la reconciliación o la lealtad, que la pueden dotar de un poco de profundidad, pero esto es, en mi opinión, un recurso que se ha aprovechado poco. El guión va dando saltos rítmicos y los efectos especiales están poco conseguidos. De este modo, nos queda una película simpática en la que se puede disfrutar la puesta en escena de dos actores de sobrado renombre (que tienen aún qué enseñar sobre sus dotes representativas), y los buenos puntos humorísticos.

El realizador de este film, Rob Reiner, sabe lo que hacer cuando le dan un guión como éste en el que tiene grandes facilidades para hacer taquilla, por lo que no escatima en gastos a la hora de la producción, derrochando nada más y nada menos que la friolera de 45 millones de dólares para un film no demasiado profundo, pero generoso y positivo.

P. Pellico


 
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