Literatura: Remains of the day (Los restos del día), Kazuo Ishiguro.

Mr. Stevens es un mayordomo de la vieja escuela, descendiente de una inmemorial estirpe dedicada al mismo oficio. Pasó años al servicio de Lord Darlington, un distinguido gentleman caído en desgracia. A la muerte de éste, se quedó en Darlington Hall con su nuevo dueño: un americano. El contraste con el carácter del nuevo señor de la casa lo hace sentirse fuera de lugar. Mr. Farraday se da cuenta y le da una semana de vacaciones. Stevens comienza un viaje en coche atravesando Inglaterra para volver a ver a Mrs. Kenton, antigua empleada a la que quiere proponer regresar al servicio en Darlington Hall.
Durante el viaje el mayordomo va contando su vida, sus ideales, sus años de servicio. Defiende la deshonrada memoria del antiguo dueño de la casa y rememora los años pasados con Mrs. Kenton, hasta que se la vuelve a encontrar.
El reencuentro con esta mujer abre los ojos a Stevens, un hombre que ha renunciado a una vida feliz por satisfacer un ideal de exagerado perfeccionismo. Sentado en el puerto, mirando cómo cae la tarde sobre el sereno mar, ante los restos del día, Stevens vuelve la mirada sobre la senda de sus pasos y se da cuenta.remains of the day

La historia y los personajes son coherentes de principio a fin. La narración corre a cargo del propio Stevens, en quien Ishiguro logra plasmar con sorprendente exactitud la manera de pensar y hablar del típico mayordomo inglés.
Claro que esta decisión también tiene sus riesgos. El lector tiene que estar dispuesto a escuchar durante todo el libro cómo un inglés escrupoloso hasta la saciedad le cuenta sus andanzas. De todas maneras, las historias que quedan detrás y de las cuales el mayordomo parece no darse cuenta, enriquecen muchísimo la narración y estimulan el interés del lector. Un mundo de verdad transcurre paralelo al diminuto mundo de Stevens.

Al final de la obra todo cambia. Se mantiene la coherencia, pues esta mutación se produce a la par que la del mayordomo. El ritmo se hace más rápido, como las ideas que cruzan su cabeza por primera vez confusa; como los desbocados latidos de su corazón, por primera vez despierto. La narración se vuelve más personal y cálida, libre de los formalismos de antes. Un Stevens anciano abre los ojos mientras cae la tarde sobre el mar inglés, y ese momento poético da un nuevo sentido a toda su historia. Es un momento inolvidable, de gran carga dramática en que Ishiguro logra despertar en el lector un sentimiento muy fuerte, desgarrador.
Merecen la pena tanto la novela como su adaptación cinematográfica, con un Anthony Hopkins sensacional en el papel de Mr. Stevens.

Santiago Vigo


 
A %d blogueros les gusta esto: