Literatura: Jane Eyre, Charlotte Brönte

La infancia de Jane Eyre ha estado marcada por la soledad más amarga, el rigor más puritano y la incomprensión más injusta. Cuando se le presenta la primera oportunidad, se lanza a construir su propia vida buscando trabajo fuera de Lowood, el internado donde ha vivido desde los diez años.

La joven es contratada como institutriz en Thornfield Hall, propiedad de Edward Rochester. Jane se enamora de Edward, pero consigue ocultar sus sentimientos bajo un autodominio fuera de lo común. El bajo concepto que tiene de sí misma le hace imposible pensar que pueda ser correspondida. Ella sufre en silencio mientras en su interior combaten su cabeza y su corazón.eyre2

Jane es apasionada y rebelde por naturaleza, pero se ha forjado un carácter férreo que mantiene sus sentimientos “bajo control”. La felicidad parece no estar hecha para la joven. El mundo es siempre injusto con ella, pero calla y acepta su destino. Cuando por fin la felicidad se le ofrece, lo hace en las peores condiciones, pero ella la toma sin pensar: pues no desea nada más.

La narración está muy bien llevada, con unos diálogos que son brillantes entre unos personajes muy bien caracterizados. Durante más de la mitad de la obra, Charlotte Brontë logra crear una historia muy sólida en torno al personaje de Jane, que llega a su máxima expresión en las páginas en que se relata su enamoramiento. La historia es quizás demasiado bonita, y el lector se crea unas expectativas que la escritora no tiene intención de satisfacer.

Así, llega un momento en la novela en que el ritmo decae sin explicación aparente. La historia comienza a enrarecer, los diálogos empiezan a flaquear y el dramatismo se hace un tanto exagerado. La situación de la protagonista acaba siendo desagradablemente extrema y el lector tiene que estar muy dispuesto a sufrir para no dejar el libro.

Cuando la tensión está a punto de desbordar la indignación del lector, Charlotte da un nuevo giro  con unas escenas que hacen regresar la obra a su dinámica anterior. Un broche de optimismo que cierra la obra.

Merece la pena leer hasta acabar el libro, pacientemente. Al final, lo que al lector le queda es la convicción de que ha conocido a una persona nueva y extraordinaria, de la cual se encariña irremediablemente. Por eso Charlotte logra que nos hierva la sangre al someter a Jane a tales padecimientos.

El lector tiene que intentar comprender que la novela es en gran parte autobiográfica, y la vida de Charlotte no fue fácil. En todo momento luchan en la novela las tristezas de la autora y sus esperanzas. Al final, ese lado esperanzado es el que triunfa, como en su vida.

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