Literatura: El último encuentro, Sandor Marai

Henrik es un viejo general retirado del ejército húngaro. Cuarenta años antes él vivía feliz.

Estaba casado con una hermosa mujer y tenía a Kónrad, el mejor de los amigos, siempre a su lado.

Pero algo ocurrió y un día Kónrad se fue.

El general se sintió traicionado por las dos únicas personas que lo querían, y durante cuarenta años no ha tenido más tarea que alimentar su rencor. Ella murió, pero para entonces Henrik ya llevaba años solo, consigo mismo y con su herida, a la que no dejaba cicatrizar.
Kónrad ha vuelto a dar noticias de vida y Henrik se prepara ahora para su último encuentro, cuarenta años después. En todo ese tiempo sólo ha pensado en esa conversación y la ha preparado minuciosamente una y mil veces. Pasa las últimas horas paseando por aquellos salones en que tan buenos momentos habían pasado los tres, donde él había sido feliz mientras ellos conjuraban a sus espaldas. Los recuerdos del protagonista se agolpan ahora en su memoria y de su mano recorremos los alegres años de su juventud, hasta que la hora llega, y con ella el esperado reencuentro.

La estructura de la novela favorece un dinamismo que parecería imposible a la simple vista de la trama histórica y sus ideas. La historia comienza en el presente, regresa al pasado y vuelve a regresar al mismo momento en que se había ido. El ritmo se acomoda a la narración: rápido y fresco en las evocaciones de la juventud; lento y agotado en las escenas protagonizadas por un Henrik anciano.

La obra es muy original, muy dramática, y triste. El desenlace es realista, sin concesiones a idealizaciones sentimentalistas. Márai nos cuenta la vida de un hombre encerrado en sí mismo, incapaz de perdonar, que pasa cuarenta años esperando una disculpa, alimentando su venenoso victimismo. Subido en el pedestal de su orgullo, pedestal en el que se encontró desde el principio, Henrik está convencido de que todo el mundo gira a su alrededor. Su vida, pues, inspira lástima porque la vida es casi angustiosa para el protagonista y con esa tristeza condena a los que viven a su alrededor, sometiendo sus vidas al servicio de su negra existencia. El lector ve desde fuera lo peor de su circunstancia: que no se da cuenta.

Los retratos psicológicos de sus personajes son muy llamativos, por su hondura y por la nitidez con que se perciben. A esto se une una prosa muy cuidada, con abundantes metáforas muy originales.


 
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