Werther, Goethe

Querido Goethe:

Vete tú a saber por qué, como diría el interesado, he leído Werther estos días. Empezó como una búsqueda de inspiración o estudio. He acabado la novela, claro. Lo primero que tengo que decir es que lamento una vez más no saber suficiente alemán para poder leerte en la forma original. Porque es una belleza. Pero también porque tengo que tragarme traducciones de algunos a los que hubieras ordenado ejecutar. Dirán unos “ah, sí, el problema de la traducción” y blabla blabla con que la abuela fuma. Nada que ver. Sin embargo, no voy a malgastar espíritu en hablar de filisteos. Este año, por fin, espero leer a nuestro Homero en su griego. ¡Imagina la ilusión que me hace! Las ediciones que tengo en mi lengua son muy buenos trabajos, no obstante. Pero en el original solo he podido leer versos sueltos. Por cierto, tengo que releer el pasaje de Ossian que Werther le lee a Carlota. Incluso contando con la pasión de ambos, te confieso que no conseguí invocar la misma manía. Perdóname, se me hizo algo largo el pasaje. Culpa mía o de mi ánimo, seguramente.

Puede que sea problema de la traducción y de la edición (no en cuanto al número editorial), pero no me ha convencido la forma en que se presenta la obra. Por desgracia, no me atrevo a hablarte del lenguaje porque no me es posible acariciar tus propias palabras. Sobre lo que te he dicho de la forma, simplemente es que la disposición de las cartas y las narraciones figurativas me suena forzada. A mi manera de ver, no es del todo verosímil la alternación de los narradores. Y también (insisto, quizá sea la traducción), me dio la impresión de que los narradores no estaban diferenciados por estilo. Había también ciertas licencias en la omnisciencia fingida. La identificación del primer narrador con Werther resulta irónica. Casi tanto como el final del viaje…

Las costumbres de esos tiempos me ponen muy nervioso, como tú sabes bien, y quizá esa diferencia cultural puede influir en mi recepción de tus personajes, porque está claro que la cultura del tiempo suele formar parte de las personas, irracionalidades incluidas. Hemos acordado en este punto que aceptábamos discrepar, así que de aquí no paso.

La expresión del carácter de Werther es genial y también la creación de su corazón. Inmediatamente después voy a escribirle a él. Ya te dije la primera vez que, de entre tus obras, esta no es de las que más me gusta, pero esta vez, igual que en aquella, me veo lanzado a escribiros a ti y a Werther por la maravillosa (sabes cómo me chirría esta palabra en las neuronas) extensión que has hecho de su mundo interno. Te admiro enormemente por ello. Lo demás, sobra decirlo porque nos entendemos. Y los que no nos entiendan siempre tienen la opción de preguntar.

Acuérdate de mí.

 

Querido Werther:

Quien te condene merece ser condenado. Primero porque solo un necio se atrevería a tirar piedras a un semejante. Hoy ha amanecido aquí como una fantasía. Había niebla densa, pero el sol ha salido con tanto ímpetu que ha coloreado cada palmo y en la tierra parecíamos estar en una nube rosa. El color te hacía creer que podías tocarlo. Yo no había visto nada así antes y me alegro de que haya sucedido en un lugar en el que, sinceramente, no tenía demasiadas expectativas. El recuerdo de este amanecer será uno de los mejores recuerdos que guarde de esta ciudad. Me he acordado de ti inevitablemente al ver la ventana. Te hubiera apasionado el espectáculo, amigo. Y, como hacemos siempre con los tesoros que encontramos o creamos, lo dedicarías a una mujer. Pensarías en Carlota y le dirías “ojalá pudiera yo regalarte ese amanecer tal cual es”. Pero yo entiendo tu desgracia, Werther. ¿Qué hay que nos merezca por completo si no es otra persona? Un ideal no puede recibirnos enteros. Sin amor, la vida es solo un reloj soniqueteando. Y ese maldito tictac puede volvernos majaras a los mejores y a los peores de nosotros. ¡Mira Garfio! Garfio podía edificar un imperio, podría matar miles de cocodrilos… Pero ese tictac, ese tictac le aplastaba los oídos, le inspiraba la presión de conseguir amor aunque fuera a la fuerza. Tantos piratas han sufrido lo mismo y han acabado en la horca por un motivo o por otro. Yo voy por el mismo camino, Werther. Que es parecido al tuyo, perdóname por decirlo; tú ahora ya lo sabes. Tú llevabas siempre el corazón en la mano y le soplabas continuamente, y lo ponías al sol y a que le acariciara la brisa cariñosa; y le hablabas de flores y de poemas… Yo temía tanto que, mucho antes de que lo hiciera Howl, escondí mi corazón en un sitio secreto. Y mi alma se la quedó un viento. Y todo pasa, me digo muchas veces. Todo pasa. ¿Pero y qué? ¿Y todo pasa y entonces no hemos de derretirnos en un sitio? Werther, ¿no te parece que hay muchas personas que no entienden lo que es ser amado? Amar puede ser más o menos un plan, pero ser amado… ¡Qué difícil! Hay personas que se empeñan en no dejar que las quieran porque se imaginan, yo no sé por qué, que el amor de la otra persona va a ser un obstáculo para ellos. Quizá en algunos casos sea así, dependerá del amante supongo. ¿Pero por qué esas personas no pueden ver que el amor es compañía? ¿Por qué proyectan el amor como si fuera un conjunto de negaciones en lugar de afirmaciones? ¿Acaso el amor de otra persona no puede acompañar su proyecto? ¿Por qué se empeña en ir solo? Al final, los problemas son siempre los mismos, por mucho que cada persona quiera complicar y retorcer la especialidad de los suyos. ¡Cómo nos engañamos por nuestras miserias!

Werther, por lo que cuentas en tus cartas, no dejabas a Carlota ni un día, desde que os conocisteis. ¡Si supieras lo que ha cambiado el mundo! Ahora los enamorados parece que juegan con un tablero y la honestidad es lo de menos. Les importa tener el control, les cuesta horrores confiar en la otra persona, a pesar de que suelen ser libros abiertos, cuya lectura no lleva mucho tiempo. No quiero ser malo, tú sabes a lo que me refiero. En cambio, a los honestos les puede pasar hoy lo que a Apolo: su Dafne se les convierte en árbol. ¿Y cuánto vale un beso, Werther? Claro, para ti un beso de Carlota valía cincuenta vidas, valía cincuenta muertes. Como para mí. Para mí un beso merece ser recibido de rodillas, merece el peligro del dragón que nos acosa. Para nosotros un beso no vale segundos, sino una vida que cambia para siempre. Werther, voy a aclararlo para que no se equivoquen: nosotros podemos devolver a quien nos besa el terremoto a su mundo.

Voy a ir acabando estas letras, amigo mío. Aunque entiendo el significado de tu pasión y entiendo los razonamientos que te llevaron a tomar tu decisión, me parece que te precipitaste al ejecutarla. Voy a decirte algo que aprendí hace un tiempo y que creo que es verdadero: la esperanza es siempre locura. Sí, ya sé que eso te da para mucho tiempo. Pienso que no te puedo decir nada mejor para tus problemas, pero seguiré pensando.

En fin, Werther. Ojalá, como dijeron el narrador y Goethe, tu figura y tu historia sirvan de inspiración para muchísimas personas. Desde luego, pueden barrer muchas tonterías.

Acuérdate de mí.

 

Joaquín Vigo Ferrera

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Werther, Goethe

Qué es lo que pasa aquí

Me está pasando algo y yo sé lo que es y por eso no puedo decirlo. No voy a llamarlo por su nombre, por supuesto. Pero sí voy a explicarlo. Porque yo era uno hasta que un día me rompieron en trozos; los hombres, que es como decir “la vida” pero más concretamente. Sin señalar culpables, “el mundo” diríamos. Y desde ese día que no sé cuándo fue exactamente, he estado dividido en piezas inconexas. Roto significa roto; nada de vencido ni de doblegado, en ningún sentido. Agrietado como un terregal, pero fuerte también por lo mismo. Pero esto no va sobre aquello sino sobre ahora. Ahora me pasa que algunas piezas, solo algunas, han vuelto a juntarse, yo sé por qué. Y me parece que ya van quedando pocas sueltas. Así que esta mañana, mientras daba mi “paseo de la nada”, me he sorprendido redactando un artículo de Lingüística en la mente. Lo sé, lo sé. Sé que esperabais más, pero solo dadme más palabras… Sé que no podéis saber lo que significa esto para mi espíritu. Pero imaginad que sois muy amantes, que vivís y morís por segundos por esa persona. Queréis besarla, naturalmente. Pero os falta la boca. Os ha desaparecido la boca. No podéis besar. Y ese trozo que falta en vuestro cuerpo os retuerce también el espíritu y os duele y os cansa. Los sentimientos que transmiten esta imagen son similares a los que yo sufro. También es como cuando tenemos un sueño magnífico en el que hemos disfrutado de lo lindo y del que no podemos recordar ni un solo detalle, sino solo que disfrutamos mucho, lo cual en el día se convierte en fastidio. ¿Es porque la Lingüística, concretamente, o la Filología, es tan esencial para mí? No, claro que no (y sí). No es por lo concreto. No estoy hablando de concretos. Hablo de identidad. De libertad. Hablo de resurrecciones, o de infancia.

He dicho que no lo voy a llamar por su nombre pero que iba a explicarlo. Hay varios tipos de soledad y lo primero que tiene que saber quien no lo sepa todavía es que la soledad no consiste en estar solo, ni tampoco en la ausencia de compañía. Yo no creo conocer todos los tipos de soledad, por supuesto, aunque sea tan experto en ella como espero que nadie más lo sea. Y no he dejado de estar solo, no es eso lo que me ha pasado. Pero sí ha cambiado mi tipo de soledad, otra vez. De entre todos, el factor que más influye en la diferenciación de soledades es quizá la esperanza. Yo no voy a confesar esperanza porque es demasiado íntimo. Y está en relación -precisamente- íntima con lo que no debo nombrar aquí por lo mismo. La relación que hay está expresada, por ejemplo, en el saludo gitano: “bendición y que tengas suerte”. Porque según el tipo de soledad, el sol de la felicidad va orbitando alrededor del yo o de los otros, por lo que, a veces, uno está convencido con toda su estrella y sangre de que la felicidad depende exclusivamente de sí mismo. Otras veces, en cambio, la felicidad es sobre todo un regalo. Lo que me está pasando a mí procede de la bendición. Y a buen pocas. Hace ya muchos años, creé un personaje llamado Aquiles, para una película. Este personaje explicaba a sus amigos su teoría de la “bendición y la espada”. Ojalá un día todos podáis escucharle a él.

Todos somos una hoguera en la que los demás echan leña inconscientemente o conscientemente. Los artistas son hogueras con patas, como pequeños demonios o corazones de estrellas, y de todas partes tragan combustible; más que los demás porque lo necesitan para sí y porque deben asegurar que nadie se queda sin fuego. De pronto, como una bendición, consumen algo que les hace crepitar y crecer con tal potencia que pueden entrar en erupción y repartir incendios alrededor. Pueden ser una persona o muchas. O una parte del mundo. O un pintalabios caído en mal sitio. Y a buen pocas.

Muchas veces, el artista quiere asegurarse combustible constante y de calidad, si es posible, y por eso se rodea de más artistas, de todo tipo de artistas, y unos a otros se alimentan. Y esta puede ser una fuente importante de inspiración. Sin embargo, si un carbón casi en cenizas sopla en otro que tal arde, moribundas chirrían las ascuas como llorando. Y así debe ser, generalmente. Identidad, identidad, identidad. No hay vestuario de artista, ni hay espiritualidad de artista. Es de necios antonomásticos, de ignorantes categóricos, querer ser artista. [Entre otras cosas] Arte es morir por el prójimo, es decir, por ese que está ahí cuya belleza no eres capaz de ver. No eres artista. Arte es hundir el yo en una prisión profunda, sin que se pierda ni se ahogue. Y entre el artista y el Arte la única diferencia son los matices de los yos. El Arte es un ministerio. No he utilizado en ningún lugar semántica sagrada. Lo señalo por si acaso.

No seas artista.

Maniático es el artista. Poseído. Loco. Y si esto te gusta, si esto dibuja en tu mente el capricho, tú no sabes lo que es un artista. Un artista es un esclavo. Su vida es siempre una tragedia. Y me pregunto, ¿sabes lo que es una tragedia?

 

Joaquín Vigo Ferrera

Qué es lo que pasa aquí

A Statement

Life is exactly as hard as you try, the harder you try, the harder it gets. I believe that it’s natural, in the strictest meaning of the word, that every human has his or her own thrust. But, however natural, it is also natural that we all have the possibility to choose wether to follow and even pursuit those thrusts, or let them fall deep and echo down there, perhaps to their final disappearance, sometimes causing everlasting havoc. Happiness, granting such a state is even real, must be in the present as good as it gets, a problem of every present. He who doesn’t know how to be happy today, must learn along the way to his future, and he’ll have many presents to try. Don’t we all. It’s not about how complicated our life is or becomes: many times, just wondering about happiness expels happiness… But that may be just my little experience. Let life be very complicated if it must, happiness is a moment if it’s anything.

When we become adults, we start receiving responsibilities, on one hand. The first one is taking, finally, total care of ourselves. On the other hand, we start creating responsibilities with our own living, and then, some of us, start creating also ambitions, desires, anguishes, and whatever-let’s-call-it-plans, and take away all the dramatics, which are most usually overreactions. Our personal miseries and struggles, coming already from the aching ages in which we were building ourselves or being built, because both happen, can conceal our ability to breath and smile. It seems like most of us forget how to play, how to imagine, how to get lost in time and space, how to hug your dearest and literally watch monsters and demons go back to their dark corners. Wouldn’t life be so much happier if I ran to the door every time my father is arriving home, abandoning absolutely whatever it were, as I did when I was a little child? Of course, the word “father” isn’t but an example, although it is a real image. Let’s put in “father” your loved one, and run the image. For me, life should be a way back to the children we were, plus, of course, all the enrichment we are supposed to have brought into us. By the way, my family have a dog now, and the dog can feel my father coming from the street, so he starts getting anxious, and runs to the door. When the door opens, the dog jumps to my father’s knees… And I can see how happy my dad is every time this happens. Not because he loves that dog -he actually doesn’t even like him too much-, but because I’m sure he remembers when it was their little children who would come running to kiss him. And he’s had five children. Only one of them is in his house now, the little one, and she is at that age where she wouldn’t always go to the door… She usually does, very happily. When she hasn’t, my dad start missing her, and would ask my mother for her.

I arrived in Los Angeles for the first time of my life on September 26, 2015. On October 26, my intensive short program in Filmmaking at The New York Film Academy would begin. I set foot in Los Angeles… No. I set heart in Los Angeles not as one more dreamer who would expect magical sunlight raining from the future. During those eight weeks of my program, I was the same child whose only existence was based on playing in the beach with his family or friends. Literally. I had felt that before some times, for instance during the film I made that previous summer, or sometimes when I used to write, (before I had to make the so disheartening decision of stop writing for a period that lasted over four years, due to some personal circumstances of that time). But those eight weeks, those days were pure joy. Of course, I believe difficulties and even suffering don’t exclude joy, it is joy, or its cause, who embrace them and tinge them. Coming from where I was coming, that is very, very hard times, with perhaps more worries than I could carry, the time at nyfa was exactly a playground. Oh, I learned. I worked. I studied. I lived it . I added so much to myself! From the people I met, the experiences I had, the knowledge I got. I squeezed every bit of it. I’m not talking about my brain, obviously, because although that would be very important, and I did enlarge it, I would have missed the point. I’m talking about my self.

It truly is an intensive program, and it won’t leave us much spare time, but I didn’t miss it, naturally. There was a lot of work, stress, long hours, late nights. I would sleep just for three hours maximum many days. But that’s me being me. Of course, not everybody could breathe this rhythm. Most students crumbled, and diminished their efforts, they relaxed and stopped attending classes, worked less and with less enthusiasm, lost interest in some ways and matters. Not me. I loved it, and I loved that rhythm. It made me stronger too. I realized I could follow the pace better than most, so I became a good source of relief for many of my partners. And I also tried to bring my fellows with me, I wouldn’t keep anything for me, because I think we ought to sustain and push each other, specially in our situations. I made very good friends.

So, I didn’t set heart in Los Angeles as one more dreamer. I set heart in Los Angeles to just be me, to advance in my way back to the child I was. What we are and what we do are in an essential correlation. I would never dare to call myself an artist, because I have a sacred respect for art and artists, and because I believe that artists are so by nature, and they didn’t choose it, and they’re “condemned” to be so, -so to speak, and so many times truly!-. An artist can’t be anything but an artist. I have been called “artist” many times along my life, and I was called “artist” many times in LA, but, as I said, I wouldn’t call myself so, and it was very difficult for me admitting that I was. I had to admit it to myself, though. Or forever say that I was not an artist… It was difficult, it is difficult precisely because it’s difficult to assume one’s nature and to recognize one’s identity. Specially, since I knew being an artist would suppose struggles and difficulties without count. So, I wouldn’t admit it to myself until I had enough courage to take the decision and follow my inner thrusts. Yes, life is as hard as you try, and a life of creation has no limits of its own, which only makes it more tragic, in the sense of a Greek Tragedy, this is, the struggles and wrestling of a hero against his given nature and the ocean of the world, knowing with absolute certainty that he will die in his quest.

Then, that is Filmmaking for me. Once I confessed, I had to be brave. It’s nothing fancy. It’s quite painful, in fact. For now at least, but I know it’s a life long struggle. It’s got nothing to do with fame, vanity, coolness, or even with liking stories… When I’m on it, I play, I imagine, I get lost in time and space, just as the child I intend to be again. In my mind, once I had “really” become a Filmmaker, I will run again to the door to meet my father. I know this for a fact. And this is an act of happiness.

But as for today, I find myself almost everyday, as it has been my situation for many years now, at the edge of crying what countless people have cried, four words that can either encourage or destroy lives. The four words that give its beginning to Frank Capra’s autobiography: “I hate being poor.” For Capra, those words transformed his life, but he had to learn so much if his way! For many others, those words have caused nothing but destruction, misery. Because misery is allowing poverty to overcome and overrun what we are as humans. Sometimes people, always mid joking, -a joke I consider at least of irresponsable taste-, would ask me what do I need to be happy, and after saying that I have no idea -which is the fastest way of avoiding depression-, they would be disconcerted when I said “money”. Then, I simply explain that I need to make films to be happy, and money seems really the only issue in my way. I know that many would use it as an excuse, and many will call it an excuse. Anyway, I wouldn’t accept that would be my case. I won’t extend about this point directly, I’ll just assume readers are understanding people, and most importantly, compassionate. I don’t want money for me, I’ll give it to those who need it. Money, for me, is nothing but a right earned by work, which is, should be, the real universal currency. However, money is the price of liberty, unfortunately and tragically. I use to say that most people want to work for the money, while I want the money to work. That is because I’m talking about my life: what I am and what I do. I am just a servant…

There are artists by nature because it’s very easy for us all humans to get lost in our stupidities in the course of the day and of a life. The work of art is a reminding of what humans truly are, an affirmation of our dignity, a call for self transcendence, an encounter with Beauty, a finding into our consciences. Artists are meant to elevate their fellows, to help them. They have that responsibility. And it is a capital responsibility. However, as it is mainly a spiritual reality -I’m not talking specifically about religion, but about the invisible world, the biggest actual part of the world-, it is one of the less considered, low regarded activities. I forgive them, because they don’t have eyes that can see through matter and flesh, and they would say art is like a whim, a caprice, a weird thing just for weird people, for some people with those special whims or a special sensibility, but not an universal need. They would say that it’s not practical, that it’s no use. They don’t even realize that they are moved around by art without knowing it, (as by philosophy). And, anyway, they will all go to the movies, read books, listen to music, go to a play or opera, admire paintings -or use it for decoration-, etc. And they will all be affected by those works, and hence, go back to their lives with a change of heart. Artists are destined to be poor. If it weren’t so, they probably wouldn’t be able to really fulfill their mission. But this might be my little experience talking. And nevertheless artists have to look singularly to the world, otherwise, they would just get lost as everybody else (from the Truth: so, it doesn’t mean they aren’t). And, if they’re to be looking singularly the world, almost like being apart of it for moments, in a world where money measures fellowship, how are artists not going to be castaways? Also, the truth hurts…

I said above that I find myself “at the edge” of crying “I hate being poor.” Because it’s so damn difficult to do anything in this world without money. If you want to do something, you need money, and if you need money, you need money first to get it. However, those words stay at the edge in my case. Don’t get me wrong, I don’t fancy being poor, but poverty is part of what has made me what I am now, so I would never say I hate it. There’s so much to learn from poverty, both innerly and pragmatically! So, I don’t hate being poor, and I don’t exactly like it either. I wish artists were better appreciated so they could have a dignified and worthy life, as every other human being. As any other worker. But I can’t say my works would be the same if I had a too confortable life. It’s a matter of spirit, not of resources. Even if I one day make lots of money, I will try to keep the same spirit of poverty. I guess it keeps me vigilant. It’s in my nature to help others. I don’t do it just with my art, I do it with what I can.

Even the possibility of being one entire year in Los Angeles, with nyfa, is quite an unbelievable notion. Oh, I will try with all my strength. But, let’s face it: I am so limited with my resources… I don’t have anything else than what I am, than what I have to offer, than my services, my knowledge, my skills…  Yeah, some might say that’s what’s required. Only ideally. No, one has to pay tuition, to start with. Universities have to make their selection somehow. So it seems. It doesn’t matter, this is just an example of how life is as hard as one tries. In a very well organized folder of my computer, there are other 61 folders containing all the projects I have come up with until today. They’re all films. (I’m excluding 39 folders that contain literary projects). Some of them have already a script. All of them have a little developed story, descriptions, ideas, etc. Any of them could be made today if resources were found. I hope and intend to realize everyone of them in my life. And those that will keep on coming. Why do I? I think I said it. In plain words, I want to be a filmmaker (too) because I believe I have the “power” to make good for people, Beauty. Nyfa was obviously a step, as any study. I already said what a great time I had there. And my teachers and representatives know how grateful I am for just eight weeks. I have come to know a good number of universities, and I confess I am not built for academic environments, although -or because- I am very studious and curious. Even so, the New York Film Academy has been the first academic institution that has treated me with concern, that has helped me solve problems, not added more to my situation. It’s a place filled with great professionals and good people, at least that’s what I saw in eight weeks. And I really have experience with universities. I have a bachelor’s degree -in Spain, it used to be a five years career- in Philology, which has granted me a deep vision about humanity and the world, through language, literature, art, history, etc. And I have a master’s degree in Communication, Publicity and Protocol, with which I deepened into the subject of communications, human relationships, etc., as well as I got into the business world through one of its most important branches nowadays. I think these studies are a good foundation for the Filmmaking as an art and as an industry. I have made some films, I try to grow a career. I founded a production company called Opera Pictures in July 2016, and I’m trying to develop some projects. I got a manager in Los Angeles in January 2017, who’s helping me dearly.

Overall, I believe I am qualified to be in the world and do a responsable work.

Joaquín Vigo Ferrera

A Statement