EDITORIAL

 

Alguien ha callado nuestras voces. El fantasma del silencio recorre las venas, duerme la mente; encarcela el grito de la verdad. Mujeres y hombres acorralados entre sí, por ese extraño vivir sin descanso. Donde el hogar se ve reducido a una vida latente, sin supurar el aliento que la caracteriza. Buscando ese aliento, algunos corren a los grandes almacenes, persiguiendo la aguja sedante a la desesperanza. Otros huyen a los valles y las montañas optando por una absurda conciencia de sí en la soledad. También los hay que optan por un suicidio cotidiano; bien enseñando sus garras al implacable mundo. O bien sumergiéndose en la rutina.
Por último, un grupo de personas, mujeres y hombres de toda edad y condición, mantienen en pie su esperanza. Hablamos de ese arte total, nuevo y viejo, eterno e incansable. El arte que aún palpita, con cierto carácter underground en el recuerdo de los que aman. Arte de todos los estilos, realizado por todo aquel que realmente quiera. Arte grande sin fronteras, ni cátedras. Libros abiertos al sol como almas que ríen en cauce, música de universo siempre, danza en el agua de la vida o drama sobre las tablas del drama, cine como un caballo blanco que galopa por la imaginación, por la última barricada de la libertad.

Esos son nuestros ideales. Así renace nuestra revista. Con la esperanza de reír nuevamente. Con la imparable alegría de crear algo nuevo cada día.

Ignacio Ruiz

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